El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que escuche, y el que no pueda encontrar la paz que luche.

viernes, 23 de marzo de 2012

Aquí. Allá. En tu piel. Sueños que se desdibujan conforme avanza el amanecer. Deseos confesables, y otros, no tanto. La muerte acechando en cualquier rincón de mi habitación. Pero ésta anda cansada. El mundo girando, gente sufriendo, y éste ni se inmuta. Mis manos temblando, mi cuerpo empapado bajo la lluvia de sus lágrimas. Respiro. Y corro. Un viernes más, y los voy sumando. Voy contando desde que todo va más deprisa que nunca. Las horas se me escapan entre los dedos, durmiendo, soñando y viviendo. Y estás lejos. Y las cosas van más o menos bien. Aunque cada día todo se vuelve más cruel. Cada bomba que cae nos hace más inhumanos por seguir permitiendo esta situación. Y la gente no cambia. La avaricia y la codicia los destruyen. La sangre de otros es la mía, y la rabia de los que no pueden luchar, debería ser de los que sí podemos. Acabar con todo. Explotar. Migrar a un lugar, sin sociedad. Comerte a besos.


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